martes, 7 de julio de 2009

La opinión de Antonio Lorca


Tan respetable como otras opiniones contrarias y también para la reflexión (soy el primero en hacerlo) es el artículo publicado por Antonio Lorca en el diario El País:

José Tomás, un redentor inventado

Por Antonio Lorca

La gesta de José Tomás en la Monumental de Barcelona parece que ha entronizado a este torero como el más grande defensor de la libertad de la fiesta, como el redentor y mesías prometido, como el monarca legendario que sustenta hoy la reivindicación de este espectáculo ancestral.

Pues, muy bien. Puestos a exagerar, exageremos: ¡Tomás, eres el más grande..., más que Manolete, Joselito y Belmonte juntos...! ¡La fiesta eres tú!

¡Qué exageración! ¿verdad? Pues, eso.

Por razones del destino, todo lo que rodea a este torero sufre la enfermedad de la exageración desmedida. Es grande, sin duda; de lo contrario no despertaría emociones a su alrededor; le adorna una deslumbrante personalidad; es un torrente mediático impulsado por el misterio enigmático de un ser humano huidizo, escondido de todo y de todos; y, sobre todo, le desborda el morbo del sentido dramático de su toreo, que le obliga a jugarse la vida muchas tardes desde el precipicio mismo donde puede perderla. José Tomás es un torero largo, profundo y artista, pero su imagen más repetida huele demasiado a voltereta y sabe a manchas sangrientas en su vestido y en su piel.

Quizá por todo ello le sigue una legión de forofos que creen ver en él a un dios revivido del toreo, a un revolucionario, el alfa y el omega de esta controvertida fiesta. Quizá por todo ello sea fácil entender la desmesurada fiesta que se vivió el domingo en Barcelona, donde 19.000 almas elevaron más allá de los altares a su ídolo, no vieron o no quisieron ver sus debilidades y le colocaron el cetro de rey del toreo.

Calmada la euforia, es bueno que la realidad se abra paso ante tanto fanatismo. Apagadas las atronadoras ovaciones, es mejor recuperar la sensatez y no vivir en la falsa creencia de que Tomás acabó con el cuadro en Barcelona y queda erigido desde entonces como el deseado redentor.

José Tomás ha hecho de Barcelona su plaza talismán como Sevilla lo fue para Curro o las Ventas para Antonio Bienvenida. Porque allí se siente querido, porque le da suerte en la particular versión supersticiosa de los toreros, y porque se ha convertido en el lugar de peregrinación del tomasismo. De ahí a que Tomás lidere la reivindicación de la fiesta en Cataluña va un trecho largo. A Cataluña la tienen que reivindicar los aficionados catalanes. Pero, ¿hay afición en Cataluña? ¿Se hubiera llenado el domingo la Monumental si no hubieran llegado miles de tomasistas de todos los puntos de España y Francia? No se pretende justificar la permanente ofensiva política que sufre la fiesta en esta comunidad, pero tampoco es válida la obsesión de algunos por convertir a Tomás en un líder político enfundado en traje de luces.

Tomás es sólo un gran torero; y, además, un torero que no dice ni mu. ¿Pero se puede ser un líder desde el silencio? Claro que sí; haciendo justamente lo contrario de lo que hace Tomás. Anunciándose en las plazas más importantes, en las ferias más exigentes y sometiéndose al veredicto de las escasas aficiones doctas que aún quedan en este país.

Pero José Tomás, que ha encontrado en su apoderado, el músico catalán Salvador Boix, el mejor representante para vender su imagen prefiere cosos de escasa responsabilidad en los que abundan los toros chicos y los billetes grandes. Un líder, un redentor, debe reivindicar la fiesta en Sevilla, Madrid, Bilbao, y también en Barcelona, ante toros encastados, fieros y poderosos, y no en plazas de segunda, respetables todas ellas, ante ganaderías elegidas con excesivo mimo y compañeros con escaso fuste para la competencia.

Excusas las ha habido siempre para no acudir a las ferias de Sevilla y Madrid, por ejemplo. Pero si se quiere torear, se torea, y ni la ganadería de Núñez del Cuvillo -razón por la que no acudió a la Maestranza-, ni los 420.000 euros que pidió para anunciarse en las Ventas son razones insalvables para quien pretendiera ser el rey de los toreros. Pero no es menos cierto que en esas plazas tiene poco que ganar -no parece posible que puedan pagarle más de lo que ya cobra-, y mucho que perder -un fracaso podría notarlo en su cuenta corriente-.

A José Tomás le sobran condiciones para ser un líder. Pero ésa parece más una preocupación de sus partidarios que del torero. De momento, es sólo un gran torero, más moderno y mucho más acomodaticio de lo que piensan sus forofos admiradores, que, como uno más de sus ditirambos, han llegado al paroxismo de inventarse un redentor que sólo existe en su imaginación.

3 comentarios:

BLOG DE ACTUALIDAD TAURINA dijo...

Estoy de acuerdo en algunas cosas con Antonio Lorca, a quien conozco y le tengo estima personal, pues ha venido últimamente a la feria de Almería. Es un buen tipo. Coincido con él en que para ser un líder hay que estar en las plazas más importantes. Y Barcelona no lo es, por supuesto. Desde hace años se lidia un toro de segunda y muy pobrecito de pitones, amén de otras carencias raciales...
Sin embargo, como decía en mi blog ayer, sí creo que los aficionados a la fiesta le debemos a JT la incuestionable gesta de llenar innumerables veces la Monumental de Barcelona. E, insisto, me da igual que sea con gente llegada de fuera. Eso es precisamente lo que tienen que valorar los empresarios, hosteleres, etc, cuando vaya adelante el tema de la prohibición.
Por otro lado, comparto con Antonio la idea de que muchos que fueron a verle aplaudieron y jalearon lo bueno, malo y regular, simplemente porque es "dios". Y no, no lo es, desde luego. Unos días torea bien y otras se pone perfilero, como en el primer toro del domingo, que nos apunta Juan Pérez Alarcón. Algo que le pasó también en Granada. Con el segundo estuvo cumbre; ante el primero fue un pegapases. Y en Barcelona no tuvo enemigos, por lo que leo de Juan.
En lo esencial, como digo, coincido con Antonio -si lees este blog te saludo-: no debemos volvernos tan locos. Sólo lo estrictamente necesario. Porque otra de las cosas que está sucediendo es que los que iban a ver a El Cordobés, Jesulín, etc., ahora pagan su entrada para disfrutar del toreo de Tomás, cosa que tampoco es mala. Algo hemos avanzado...
En fin, bendita sea la polémica y bendito sea que los catalanes comiencen a plantearse si es tan "necesaria" la prohibición. Que la pela es la pela, oye.
Un abrazo,
Alberto Gutiérrez

ludo dijo...

muy bien a mi parecer el articulo de lorca.
un muestra de lo que pueden escribir sus forofos (un columnista del pais, escritor y buena gente por cierto ):
http://www.elboomeran.com/blog/8/blog-de-javier-rioyo/

dice : "Mientras haya tomasistas, habrá tauromaquia"...eso es el problema. si se retira mañana ? no quedaremos con gente que no iran a la plaza porque sin idolos prefieren que se queme la iglesia y los otros, los aficionados, con los taurinos y sus lameculos, cientos de espectaculos fiesta de pobres pero con precios de foraos, una cabaña en decadencia y poco mas.
o sea decadencia total en un tiempo record.
tomas es el arbol y lo demas es el bosque. si se cae el arbol...nos veremos el mal estado ecologico que sufrimos por labasura que llena los caminos de la tauromaquia.
un saludo malaka hermosa.

ludo

El Coronel dijo...

Pues yo coincido en todo con Lorca, que dicho sea de paso no le leia mucho y lo tenia en "observación" por algunas cronicas suyas. Despues de de lo escrito de Barcelona, me ha demostrado que escribe con independencia y eso ya por si solo me gusta, aunque podamos estar en "bendito" desacuerdo.
Por el contrario Javier Villan, a quien conozco y admiro, creo que esta poseido por el sindrome de Estocolmo taurino de Tomás.
Con JT o sin él la cosa taurina no variara nada, seguirá exactamente igual, si JT fuera a todas la ferias, quizas se notaria mas, pero por ejemplo en Madrid, no pasaria nada. No viene nunca. Parece que ha renegado de Las Ventas y eso es sospechoso.
Salud