lunes, 26 de septiembre de 2011

LA TAUROMAQUIA MUERE EN BARCELONA (Crónica 2ª de La Merced)

 

barcelonaaaa

Último paseíllo en Barcelona (Foto: Javier Arroyo)

 

Plaza de Toros de Barcelona “La Monumental”

Domingo 25 de Septiembre de 2011     /      Lleno de “No hay billetes”

Se lidiaron 6 toros de El Pilar, muy mal presentados todos. Anovillados. Desrazados, manseando. Mejor y más noble el 2º de la tarde.

JUAN MORA: dos pinchazos, estocada caída (Ovación con saludos). Estocada desprendida (Saludos desde el tercio).
JOSÉ TOMÁS: estocada fulminante (2 orejas con fuerte petición de rabo). Dos pinchazos, estocada trasera (Saludos tras aviso).
SERAFÍN MARÍN: bajonazo (Saludos). Estocada desprendida (2 orejas de mercadillo).

Los tres toreros acompañados de algunos subalternos saludaron una ovación al finalizar el paseíllo.

 

LA TAUROMAQUIA MUERE EN BARCELONA

Por José Daniel Rojo

Llegó la hora. La fiesta de los toros ha muerto en Barcelona. Ha dicho adiós entre el clamor de un público qué con gritos de ¡libertad, libertad! trataba de apaciguar el dolor. Un herida provocada por el asesinato que los políticos, no solo catalanes, han cometido contra la Tauromaquia. Llora la Monumental que se lleva a la tumba años de historia, una historia escrita a fuego y sangre en un albero que ayer escribía la que será, y la que ya es, la última página del toreo en Cataluña.
Una veintena de antitaurinos, custodiados por medio centenar de policías, daban el pésame a los aficionados que ayer sufrieron en sus carnes la pérdida de algo tan suyo. Brindaron con cava catalán los antis y aún nos queda por saber si la bebida del triunfo fue costeada por los políticos ignorantes que en esta ocasión, y como suele ocurrir siempre, dieron la razón a la minoría. Debemos ahora los taurinos sacar conclusiones de todo lo ocurrido, porque al paso que vamos, lo sucedido en Barcelona corre el riesgo de extenderse por el panorama taurino español. Es incomprensible que la gente del toro empiece ya a lanzar voces de triunfo y que los toros volverán a Cataluña el año próximo. Balañá se vuelve a equivocar, una vez más, sembrando esperanzas sobre la nada. Hemos perdido esta batalla en esta comunidad que quiere ser independiente y debemos asimilar la derrota. Tampoco debe servir de excusa la abolición para sobrevalorar, como ayer se hizo, lo que aconteció en ruedo. Con comportamientos como el de ayer, no hacemos más qué poner el triunfo falso al servicio de la derrota  a la que no queremos hacer frente.

El Pilar mandó para la última corrida en Barcelona un encierro muy mal presentado, imagino que por las exigencias de José Tomás, el salvador. Ni una protesta al ganado, solo se encargaron de vitorear la fiesta. Y en lo que respecta a la concesión de trofeos, sin rigor y al plan compadre. Mal la cuadrilla de Tomás y el alguacilillo para hacer esperar a las mulillas mientras el público, como si de un orgasmo se tratara, pedía con insistencia el rabo. Al final lo cortaron y desde el callejón, el Delegado Gubernativo, llamó al orden al alguacil que tiró el rabo, enrabietado y de mala manera, entre las protestas de los ocupantes de los tendidos. La bronca se la llevó el alguacilillo pero los mulilleros y la cuadrilla de José Tomás debieron ser propuestos para sanción.

El público fue a ver al de Galapagar, como siempre. Y Tomás agradeció el interés saludando a su primero con un extraordinario toreo de capote, meciendo y acariciando el toreo a la verónica. En la muleta supo ver el torero el buen pitón izquierdo del animal, que a la postre acabó siendo el mejor del encierro, y con la zurda construyó el torero la faena. Tandas ligadas, templadas pero a la línea recta y con descarada falta de colocación del diestro que tampoco cargó la suerte. Digno de resaltar si fue la tanda de molinetes encadenados con el compás abierto que levantó al respetable de sus asientos. El segundo de su lote fue un toro más complicado y soso también. La plaza suspiró cuando el torero se colocó, con despaciosidad por cierto, el capote a la espalda para torear por gaoneras que resultaron ajustadas y emocionantes. Tras un sentido brindis al público se puso a torear Tomás con la mano zurda directamente a un toro que no tenía clara su embestida y que venía siempre rebrincado. Fue una faena intermitente, con algunos destellos que no llegaron a cuajar del todo. Una faena que en manos de cualquier otro torero hubiese pasado desapercibida para el público pero que siendo José Tomás su autor tuvo otro calado no merecido del todo. Falló en éste con los aceros y recogió una ovación desde los medios de la Plaza a la que el torero respondió aplaudiendo y agradeciendo a la afición. No fue el de ayer el mejor José Tomás, comprensible en parte también, pero el sabor amargo de todo lo que rodeaba la tarde, cambió el significado de lo verdaderamente real y auténtico. Curiosa la actitud de la Banda de Música que no tocó en ninguna de las faenas del torero de Galapagar. Aquello olió a pacto o exigencia del torero que debió pensar que en un duelo no debe haber concierto musical.

Juan Mora impregnó de torería el recibo capotero a su primero, lanceando a la verónica y abrochando una bonita y exquisita media. Sabor tuvo también el inicio de muleta con rodilla en tierra y rematando con un cambio de mano. La faena fue decayendo porque Mora no quiso o no supo hacerlo como debió ser. Lo hacía al contrario, dando los muletazos de abajo a arriba y quedó la impresión de que el veterano torero no aprovechó del todo las embestidas de su oponente. En el cuarto se puso espeso el torero ante un toro sin raza, sin chispa. Aquello se diluyó en la nada.

Emocionado afrontó el torero catalán Serafín Marín su última tarde en la plaza que le vio nacer. La emoción se mezcló con el nerviosismo dando lugar a un torero que ayer no estuvo decidido. A su primero lo recibió con un capote pintado que, perfectamente, podría haber sido diseñado por Ágatha Ruiz de la Prada. Contenía la palabra Libertad y por detrás la senyera, pero aún así resultó patético el invento. Al toro parece que tampoco le hizo mucha gracia y tal vez por eso le costó tanto trabajo acudir al capote. Luego en la muleta idem, había que provocarle y dejarle siempre la muleta puesta, pero Serafín no lo hizo siempre, a veces firme y en otras ocasiones con dudas. La tarde iba cayendo, a pesar de ser la última, en el más absoluto aburrimiento. La guasa llegó con el que cerró plaza, nunca mejor dicho. Embarullado el torero con capote y muleta. Algún buen muletazo suelto y nada más, salvo la pesadez de unas manoletinas anodinas. Y para sorpresa de todos los asistentes, dos orejitas para el torero. Incomprensible como se puede menospreciar el toreo de esa manera.

Y al final todos por la Puerta Grande tras una tarde que no fue tan emocionante, ni punto de comparación, con la del día anterior. Era de esperar pues en la tarde del sábado aún quedaba la esperanza, es un decir, de que la Fiesta se salvara. Pero tal y como se preveía, la Tauromaquia falleció.
Hora de la muerte: 20:23 horas.
Causa de la muerte: asesinato.

Y como suele ocurrir en los duelos, los presentes alagaron exageradamente las virtudes del muerto. Nadie habló mal ni sacó defectos a la luz. Con lo bueno que era…, pobrecito…,

En fin, Descanse en Paz.

1 comentario:

eleloro dijo...

Se te ha pasado comentar la estocada de JT al segundo. Gracias!