lunes, 15 de septiembre de 2014

Tres gitanos en Vista Alegre

 

gitanos

El 30 de mayo de 1948 coincidieron en el mismo cartel tres toreros gitanos, Cagancho, Gitanillo de Triana y Rafael Albaicín, para dar a la historia de la plaza de Carabanchel una tarde de gloria.


El cartel compuesto por Cagancho, Gitanillo de Triana y Rafael Albaicín se dio con bastante frecuencia en el año 1948. En él se congregaban tres toreros gitanos. Al año siguiente, otro torero calé, Rafael Ortega “Gallito”, entró en varias combinaciones en lugar de alguno de los tres. Pero el trío genuino fue el primitivo.

El 30 de mayo de 1948 se creó el cartel que, a pesar de lo efímero que fue, dejó estela en el toreo. Los tres matadores salieron vestidos de blanco y plata para una tarde que fue verdaderamente importante. Cagancho toreó soberbiamente con el capote, plasmando esas verónicas suyas admirables y majestuosas. Su segunda faena muleteril tuvo un gran rango, y sólo por no matar a la primera perdió la oreja. Como también se le fueron las dos a Gitanillo de Triana, a pesar de unos haceres purísimos con la muleta al quinto de la tarde; cosa que no pasó con Rafael Albaicín, que sí se hizo con los dos apéndices del tercero.

J. Carmona, en el diario ABC, escribió de los tres toreros:

Comenzó la corrida, en la que los toros de Sánchez Fabrés hicieron una brava pelea en varas, y el ambiente se tensó de entusiasmo ante la inmensa lección dada por Cagancho respecto a la clásica norma del toreo, o sea, aguantar, templar y mandar. Como en la iniciación de su carrera, su capote, manejado con majestad y ritmo maravillosos, dibujó lentas verónicas, quieta la planta y con su juego admirable de brazos; y en los quites, ajustadísimos, relumbraron las chicuelinas y medias verónicas torerísimas, y las revoleras, que hicieron enloquecer de entusiasmo al público. Al llegar la hora de la verdad, su muleta tuvo dominio y mando, alentado por el valor, que de todo hubo en la faena que el diestro gitano y maestro desarrolló sobre la base del toreo natural con los obligados pases de pecho, erguida la figura, y en los bellísimos pases en redondo, que representan el mejor y más sugestivo toreo, toda vez que los movimientos curvilíneos constituyen los caracteres esenciales de la línea actual…

¡Que mágico fue el capote de Gitanillo de Triana en la lidia del segundo bravo y codicioso! Durante el tercio de varas, sus quites refulgieron, llenos de policromía, en las medias verónicas, chicuelinas y revoleras, en brillantísima emulación de sus compañeros. Después, con la muleta, dio magnífica lección sobre el arte de atraer y empapar en el engaño al astado en una serie de naturales, de pecho, en redondo y de la firma entre música y olés de entusiasmo. Fue una faena cumbre que se repitió en el quinto y no alcanzó la apoteosis de las orejas por no haber estado acertado al herir. Las ovaciones fueron inmensas (…).

Y hubo también la nota del toreo fulgurante de Albaicín, de un toreo preciosista y riquísimo en matices del arte más puro, en los lances llenos de cromatismo, matices que adquirieron su máxima intensidad en la inmensa y deslumbradora faena hecha al tercer toro (…). Todo ello cuando el gran torero artista tumbó al bovino de un volapié.

Así terminó esta corrida en la que Cagancho, Gitanillo de Triana y Albaicín dieron un curso de moderna estética del toreo. La corrida de los tres gitanos  se repitió el 13 de junio, en la misma plaza, en una tarde que ya no fue triunfal y en la que Albaicín resultó cogido por el primero de sus toros, de la divisa de Concha y Sierra. Luego vendría de la corrida de la Feria de la Coruña, con desastrosos resultados, la del 22 de agosto en Barcelona, la del 4 de septiembre en Palma de Mallorca y la del 12 del mismo mes en la plaza francesa de Béziers. La mayoría no tuvo resultados positivos y no pudo llevarse a cabo la idea del empresario Antonio González Vera –plasmada por Joaquín Albaicín en su libro “Gitanos en el ruedo”- de que los tres toreros se recorrieran todas las ferias de España.