domingo, 18 de octubre de 2009

Cinco monjas y un miura

Rafaelillo

Uno de los grandes mitos de la tauromaquia es que el toro de Miura es bravo. Pero tampoco podía esperarse que ya no tuvieran casta que es lo mínimo que puede pedirse a un toro de lidia. Y eso fue lo que se vio ayer en Zaragoza. Una colección de reses moruchas, flojas, tres de ellas sospechosas de pitones y salvo el sexto ni en el prototipo de la casa. Algo grave está ocurriendo en la legendaria ganadería. De la terna destacar únicamente la actuación de Rafaelillo que estuvo muy valiente, firme, decidido, con oficio, lidiando y, con todos los defectos que se le quieran poner, ante estos toros consiguió más de un natural estimable, pasándose al toro muy cerca, con la mano baja, cargando la suerte y rematando atrás. Algo que ya cuesta ver entre la torería de primera fila con el perritoro. Y entrando a matar en corto con gran decisión y valentía.  Me gustó Rafaelillo, torero honrado que merece un mejor trato por parte de las empresas. (Pepe Pastor). Foto: Burladero.com

CINCO MONJAS Y UN MIURA
Por Pacopi

Plaza de Toros de  Zaragoza. 17 de Octubre del 2009
Seis toros de Miura, bonancibles todos, salvo el quinto. Sospechosos de pitones, por muy miuras que fueran.
Rafaelillo.- Saludos tras aviso. Oreja tras aviso.
Jesús Millán.-  Saludos entre barreras. Silencio.
Alberto Álvarez.-  Silencio. Silencio.

Todos estábamos esperando que salieran por los chiqueros seis terribles miuras, y nos encontramos con que salieron cinco monjitas, cinco. Todas ellas modositas como son las religiosas, algunas con cierto poso de mala leche….¡¡como son las religiosas!! Pero sin maldad ninguna…¡¡como dicen las religiosas!! En quinto lugar si salió un miura. A lo mejor era el capellán del convento. Algunos con los pitones muy sospechosos.

Es lo cierto, que los cuatro primeros eran toreables, pero, salvo  Rafelillo, los otros dos diestros del cartel, no estaban llamados a encomiendas de este tipo. Bastante hicieron con salir por su propio pie de la plaza. Es lamentable que  tengan que poner a Alberto Álvarez en la feria de Zaragoza por el mero hecho de ser de allí, y encima lo ponen en la de Miura. Luego pasa lo que pasa, verbigracia Israel Lancho en Madrid. Había que poner coto a esta dictadura de los toreros locales.

Rafelillo, hizo lo mas aceptable de la tarde en el cuarto. Más vayamos por partes. Sorteó en primer lugar una monjita pía, que debía tener mal asentada la toca, lo que le obligaba a cabecear. No obstante, pienso, que si se le hubiera bajado la mano desde un principio (léase mano o engaño) el cabeceo hubiera venido a menos. Rafaelillo  lo toreaba para las afueras, daba dos por bajo y dos de pecho y así no había forma. Con la izquierda, siguió toreando para afuera pero por lo menos se cruzó algo más. Trapazos para terminar. Estocada desprendida. Aviso. Descabello, el toro se echa. Saludos desde el tercio. Algo mejor estuvo en el cuarto, se cruzó más, pero  “Salamanca non da lo que natura non presta”. Estuvo valiente, vendió bien la faena, aunque los pases le salieran para las afueras. El toro se quedó parado, lo que le obligó  a dar medios pases y, astutamente, recurre a los molinetes de rodillas. En  un principio me pereció ver que la estocada estaba en buen sitio. Hube de desistir de esta impresión al ver que el toro tardaba en caer. Un toro con una estocada en todo lo alto dura menos que Malagueto en el quiosco del enano. Luego me fijé con más detenimiento y observe que el estoque estaba algo retrasado: Aviso. Oreja otorgada sin mayoría de petición.

Era el segundo algo sospechoso de pitones y algo falto de fuerzas. El toro iba bien de lejos hasta que se quedó sin fuerzas. Mantazos varios le dio  Jesús Millán. Sin cruzarse ni una vez. Con la izquierda cogía la muleta por el cancamillo. Terminó el cornúpeta defendiéndose y cabeceando y su matador dando mantazos. Pinchazo, media desprendida, dos descabellos. Saludos desde el callejón. Muy flojo de salida estaba el quinto. Rodó varias veces por los suelos durante el primer tercio. Luego se vino arriba y allí fue ella, pues de monja mutó a miura (realmente de monja a miura no hay mas que un paso) y desarrolló peligro. Tres pinchazos, la res se echa. Silencio.

Según decían, esta era la tercera corrida que toreaba Alberto Álvarez. A todos los efectos parecía que no había toreado en su vida. Empezó la faena citando de lejos y cambiándolo por la espalda, luego  empezó a dar mantazos hasta que se le cansó el brazo. Pinchazo, estocada caída. Silencio. Se masacró en varas al sexto. Su matador no dio una a derechas, totalmente perdido. Dos pinchazos, estocada trasera y desprendida. Silencio. Y me imagino que hasta el año que viene que lo pondrán en otra.

Un saludo

3 comentarios:

José Daniel Rojo dijo...

Pico, chapó por tu crónica!!

Viva La Monja!!!!

Pacopi dijo...

Gracias Daniel, Recogido.
Vivaaaaaaaaaa!!
Un saludo

clara dijo...

Me ha gustado el comentario "conventual" y de acuerdo con lo de Rafaelillo y mas con la "calidad" que tenia delante.No se que harian muchos de los llamados primeras figuras con estos materiales.¡Que pena de ganaderia¡
Del resto de la terna mejor ni "mentala"