domingo, 10 de mayo de 2009

Desde el 7: Oreja al destorero

Desde el 7: Oreja al destoreo

Joaquín Monfil en Opinión y Toros.

La Plaza de Las Ventas ya no es lo que era. Basta que los del 7 piten algo o a alguien para que los isidros y claveleros indocumentados aplaudan. Pero es que ahora vitorean hasta el hecho de dar la vuelta a una montera que quedó boca arriba en un brindis. Eso es lo que han conseguido los taurinos y una sarta de seudoperiodistas que ríen estas gracias. 

Y si luego un señor vestido de torero (aunque no sepa lo que es ser torero) hace todo al revés, se echa el toro hacia fuera, jamás carga la suerte ni liga los pases, maneja el capote como un saco de patatas y desperdicia el único toro (el cuarto de la tarde, que tuvo que lidiar por cogida de Abellán) que embestía como sor Gertrudis, un toro de dos orejas, ese público ignorante le pide la orejilla por una estocada aceptable (aunque la petición no sea mayoritaria) y el otro indocumentado del palco saca el pañuelo rápidamente para darle la orejita al nene (ya no tan nene pues en agosto cumplirá la treintena) apadrinado por la empresa, eso demuestra cómo está esta plaza. Estamos hablando de Pedro Gutiérrez Lorenzo “El Capea”. Todo esto ocurrió durante la lidia del tercero de la tarde, el único que medio embistió, gracias a que se le simuló la suerte de varas y pudo mantenerse en movimiento. El Capea es el peor torero que haya podido ver durante mi ya larga vida. Jamás vi nada peor. No tiene ni idea, ni siquiera de moverse por el albero. Y para muestra basta un botón. La devolución de trastos tras la confirmación de alternativa de Mora le pilló “en bragas” en el 1 y tuvieron que esperarle casi medio minuto al venir el tío por el callejón, en vez de cortar directamente y en línea recta por el ruedo ¡Qué desastre! Pues bien, le dieron el único trofeo de la tarde. Así está la plaza de Madrid. Antes, en el tercero, mostró su desconocimiento con un toro manejable y al último de la tarde (difícil) lo hizo peor aún de lo que era. Y no digamos de un intento de quite en un toro no suyo, que fue una caricatura. Por favor, que no vuelva más a esta plaza ¡Que no, que no quiero verlo!

La corrida empezó mal, pues el primero, el de la confirmación de Mora, fue devuelto por inválido, aparecieron pancartas de protesta en el 7, se corrió turno y tuvo que confirmar con el otro suyo, Cantaor, de Salvador Domecq, una mole de 597 kilos incapaz de embestir. El sobrero de Fernando Peña era un peligroso inválido que no pasaba, se quedaba a mitad y tiraba gañafones. Estuvo muy voluntarioso y digno Mora toda la tarde, incluso en quites y nos hemos quedado con ganas de verle de nuevo ¡Que vuelva, por favor, aunque...ya verán cómo no! 

Abellán estuvo como solemos verle últimamente, ausente, sin entrega y sin saber cómo quitarse de encima otro pegajoso inválido. Desgraciadamente, en un descuido, el único que mató le tiró un derrote a la corva de la pierna izquierda y aunque parecía de poca importancia la creciente mancha de sangre en su taleguilla mostró que había cornada y le impidió continuar la lidia, entrando dignamente por su pie en la enfermería para ser operado tras estoquear al segundo de la tarde. 

Lo más torero de hoy fueron dos excelentes pares de banderillas de Félix Jesús Rodríguez y la lidia de David Navalón “El Jaro”. 

Decían los del 7 al final que la corrida no fue tan mala y plúmbea como las dos anteriores, pues aunque los toros fueron mansos e inválidos sin picar, algunos se dejaron, otros desarrollaron peligro y hubo de casi todo lo que debe haber siempre en un festejo: riesgo, toreros que quieren, toreros que saben, otros que no saben, palmas, pitos, broncas, una oreja con polémica y buenos subalternos. Desgraciadamente también hubo lo único que nunca queremos los aficionados: un torero herido. Que se recupere pronto es lo que deseamos. Y además la empresa se volvió a “forrar”, hoy más, pues comenzaron a aparecer algunos isidros y claveleros “orejeros”, que se fueron felices con el trofeo al destoreo ¡Adiós, Madrid!  


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