jueves, 4 de septiembre de 2008

SOBRE EL AFEITADO


Me ha remitido un aficionado mejicano este artículo sobre el afeitado. En todas partes cuecen habas.

El "afeitado" de los toros de lidia.
Por el Dr. Enrique Vázquez Lagarreta

El mayor acto de crueldad que un hombre es capaz de infringir a un toro de lidia, no es precisamente el hecho de matarlo, sino el de disminuirle las armas naturales de que está dotado para el ataque y defensa. Ese acto de indignidad –fraude, a todas luces- es, por desgracia una práctica cotidiana muy generalizada en la Fiesta de los Toros.

Como si de por sí fuera poco la desigualdad que va de la nobleza de la bestia a la inteligencia del ser humano, y todavía este sale a “torear” con las mayores comodidades posibles. Lo mismo o peor que si un boxeador colocara un gancho al hígado a un contrincante atado –contra su voluntad-, en las cuerdas del cuadrilátero.

Durante el desarrollo de una corrida, hay muchos espectadores que se conduelen del animal porque se les engaña con el capote, se les pica, se les banderillea, se les administran muletazos de castigo, se les estoquea, se les apuntilla y se les arrastra, todo lo cual acontece en la arena, a los ojos de todo el público, más, mucho más se condolerían si pudieran ser testigos de los indecibles quebrantos que, a hurtadillas, le causan al burel ciertos “taurinos” deshonestos que forman un poderoso equipo, entre los que se cuentan: toreros, apoderados, ganaderos, empresarios, mozos de espadas, caporales y transportistas de ganado bravo.

Existen muchas prácticas de crueldad para con los toros de lidia a los que cobardemente se aboca la gentuza que pulula en el medio: Hay quienes les introducen en la pastura, pequeñas partículas de vidrio, para estropear sus entrañas; hay quienes les arrojan costales de arena en los riñones, para disminuirles su fuerza natural; hay quienes les inyectan drogas sedantes para minimizar su agresividad y su casta. Sin embargo, la práctica fraudulenta más cotidiana y difundida es el llamado “afeitado”, que consiste en mutilar los extremos o “diamantes” de los cuernos, mediante el uso de un serrucho. Hay quienes llaman “despuntado” a esta operación y “afeitado” a la que consiste en recortar el pelo que circunda el nacimiento o cepa del cuerno, con la finalidad de que éste de la impresión de ser más largo de lo que en realidad es.

Trátese del simple arreglo o del afeitado fraudulento en sí, estas prácticas teóricamente prohibidas –aunque, en muchos casos, prácticamente aceptadas- y la realización de las mismas constituye un timo a la afición, ya que todas las reses que se lidien en novilladas y corridas formales, deben conservar íntegras sus astas. No solo en apariencia, sino en rigor.

En algunas ocasiones hemos sido testigos del despuntado de algunas reses de lidia, para alivio de los “toreros”, aunque luego se le devuelva al pitón su apariencia astifina mediante el uso de una lima y un poco de aceite o betún de calzado. Lo más común es que, en el trayecto de la ganadería a la Plaza, el transportista haga un alto en el camino. Luego se hecha mano de una cuerda y una garrucha. Con la cuerda se ata la encornadura del indefenso animal que está encajonado, y con la garrucha se consigue que el animal quede suspendido de sus remos delanteros, las astas a nivel del techo del cajón y la cabeza totalmente inmovilizada. El pobre animal, habituado a la paz del campo, se ve pronto sorprendido, capturado y sometido a tamaña vejación. Antes de percatarse de que es inútil cualquier esfuerzo que haga por liberarse, patea nerviosamente las tablas del cajón, muge, resopla, babea y se desespera. A menudo se le irritan los ojos. Y aún falta lo peor: la mutilación. Los cuernos se cortan con un serrucho procurando no seccionar el tejido óseo, que es blando, esponjoso y muy vascularizado. Su corte provocaría una intensísima hemorragia, lo que de hecho sucede cuando se despuntan a los toros destinados a rejones.

No se piense que por estar un toro afeitado, desaparece el peligro para los lidiadores. Muchos toros fraudulentamente afeitados, han ocasionado cornadas gravísimas, e incluso la muerte de diversos toreros célebres. Se considera que el “afeitado” representa una tranquilidad meramente psicológica para el torero.

6 comentarios:

Pacopi dijo...

¡¡Pobre Armani, se ha quedado con vestido y sin diestro que lo vista......!!! La "poyesca" ha quedado en cuadro!! Imagino que devolveran el dinero al que no quiera ver el cartel de terna, y al que lo vea, le haran una reduccion en el precio pues se ha quedado la cosa en seis toros, lo que hace que Patxi Rivera se ahorre una pasta gansa.
Un saludo

BLOG DE ACTUALIDAD TAURINA dijo...

Una vez, hablándole a mi madre del afeitado, le dije que los toros que pasan por la barbería pueden dar cornadas muy fuertes, a veces incluso más terribles que cuando no se afeitan (hoy no estoy tan seguro de tal afirmación). Ella, con mucho sentido común, me contestó: entonces, ¿por qué se afeitan?
Evidentemente para la tranquilidad de los toreros. Un animal de quinientos quilos te puede matar incluso sin pitones. Pero, claro, ¿dónde está, entonces, la gracia del toreo? Me parece indigno que a un animal le restes ventajas. Es más, me parece de una cobardía moral y de una indecencia absolutas. El toro es sagrado e intocable, a ver cuándo se enteran los taurinos.

malagueto dijo...

Si le cortas diez centímetros de piton dos días antes de lidiarlo, el toro pierde el sentido de la distancia. Durante 4 años ha estado dandole con la punta del cuerno a los árboles, piedras y haciendo hoyos en la tierra.
Indudablemente, también te puede coger y meterme medio piton en el cuerpo. Aunque te entrará menos si está recortado.
De acuerdo con tu último párrafo. Pero no es cuestión de taurinos, es la autoridad la que tiene que tomar cartas en el asunto. O las peñas como pasa en Francia. Allí es mínimo el número de toros afeitados y pobre del que lo haga, no vuelve más a esa plaza.

Saludos

Anónimo dijo...

A mi un famoso y antiguo mulillero que a la vez hacia trabajos de transportista en Madrid, me contaba un dia de copas, que habian afeitado toros aprovechando la cena con el mayoral. a la espalda del restaurante de carretera donde cenaban. El mayoral iba en el camion precisamente para no perder a los toros de vista. Los defraudadores y corruptos siempre son mas listos.
Salud
El Coronel

Perez@larcon dijo...

Os expreso que la Administración no tiene lso medios suficientes para acabar con el afeitado. Mucha voluntad para luego llegue un juez....qy detecte una defecto de forma....Os puedo poner muchos ejemplos de la voluntad de la Administración y la poca eficacia de la justicia ordinaria. Y eso cansa......

PEPE PASTOR dijo...

Pues al menos que hagan públicos los expedientes incoados y los fallos de la justicia ordinaria, para que todos estemos informados ¿Por qué no lo hacen?...