jueves, 6 de diciembre de 2012

Terna de heterodoxos del periodismo taurino.

 

CAVIA, LUGÍN Y CAÑABATE
Una terna de heterodoxos del periodismo taurino

Por José Daniel Rojo


Cavia, Lugín y Cañabate fueron tres extraordinarios escritores españoles que lidiaron de forma especial en el periodismo taurino, aportando conceptos revolucionarios en la forma y hasta en el contenido de sus artículos y crónicas.

caviaMARIANO DE CAVIA

(1855-1920) es uno de los periodistas más carismáticos de todos los tiempos, firmaba sus piezas taurinas con el seudónimo de <<Sobaquillo>>. Sus colaboraciones aparecieron en las revistas especializadas La Lidia y El Burladero, así como en los periódicos El Liberal y El Imparcial. Como articulista político alcanzó cotas elevadísimas.

Entre sus libros de tema taurino destacan: División de plaza (1887) y De pitón a pitón (1891). Fue, además, el compositor de la letra del Himno de la Libertad, que fue cantado por los asistentes al famoso mitin de los jardines madrileños del Retiro en 1904, cuando la <<Ley del Descanso>> amenazaba la celebración de las corridas de toros.

Cavia, de una agudeza sorprendente, no ejerció de crítico; más bien fue una especie de lanzador de cuchillos en proposiciones taurinas, que arrojaba con osadía inaudita y que alcanzaban casi siempre el centro de la diana. Un periodista de raza que hurgaba en las profundidades de los temas, y que empleo una prosa ágil, viva, rompiendo los esquemas de su época. Así, lo mismo defendió la Fiesta contra Navarrete, un famoso diputado antitaurino, que atacó varios de los males del toreo de su momento. Por ejemplo, fue muy celebrada su crítica al exceso de matadores de toros, algo que argumentó en su precioso artículo titulado <<¿La tomo?>> y en el que escribía, entre otros razonamientos:

<<…Ya no hay peligro alguno de tomar la alternativa [...]. Son tantos los que la han tomado, la toman o la tomarán de un momento a otro, que tendrán que dedicarse a matar ratas, agotadas ya las existencias de reses mayores. ¡Cómo cunde la “alternativomanía” entre la gente de pelo trenzado! […]. Con que ¿la tomo? Bien mirado, no merece la pena tomarla. Dentro de poco, lo extraordinario, lo meritorio, lo distinguido, lo “chic”, consistirá en no tenerla, como acontece con las cruces de Isabel la Católica y con los honores de jefe superior de administración civil..>>

perezlugin2ALEJANDRO PÉREZ LUGÍN

(1870-1926) es otro magnífico escritor que se sumó de forma muy peculiar al periodismo taurino, convirtiéndose en un apologista de la dinastía taurina más importante de todos los tiempos: los Gallo. Ello hizo que tuviese numerosos enfrentamientos con Don Modesto, un peso pesado de la crítica de su época, con alusiones que avivaron la pasión entre los lectores.

Entre las características de <<Don Pío>>, seudónimo de Pérez Lugín, se encontraba la de intercalar en sus crónicas, sumamente hiperbólicas, palabras y frases gallegas, que producían un contraste sorprendente e incluso gracioso. Fue cronista taurino de El Liberal y La Tribuna. Colaborador, asimismo, en numerosas publicaciones, como El Pensamiento Galaico, El Globo, El Correo, El Mundo, España Nueva, La Libertad… Con el paso de los años abandonó el periodismo taurino para dedicarse a la novela.

Su sectarismo gallista fue acusadísimo y alguna crónica, como la que publicó en El Liberal el 22 de abril de 1917, fue hiperbólica hasta rozar lo ridículo, apuntando que no existía artista alguno capaz de plasmar una faena de Gallito:

<<… Llama usted, si es espiritista, de Miguel Ángel a Rafael, a Apeles, a Palladio, a Ticiano, a Murillo, a Lucas Jordán, a Velázquez, a Rubens, a Goya, a Holbein, a Van Dyck, a Meisonnier, a Fortuny y a Rosales, o a Praxiteles, Scopas, Pilodoro, Zeredoro, Berruguete, Montañés, Salzillo o Susillo, o simplemente, por medio de una carta interior, a Sorolla, Pradilla, Domingo, Romero de Torres, Benedito, Benlliure, Blay y Julio Antonio, y no lo dibujan, ni lo pintan, ni lo esculpen…>>

Entre sus obras taurinas destacan la archiconocida novella Currito de la Cruz (1921), llevada con éxito al cine en varias ocasiones. Los Gallos, sus rivales y su prensa (1914), y ¡¡¡Kikirikí!!!, que constituyó un canto elogioso dedicado a su ídolo Rafael <<El Gallo>>. Como escritor obtuvo varios éxitos fuera de la órbita taurina, como ocurrió con su famosísima obra La casa de la Troya.

1962-0~13ANTONIO DÍAZ-CAÑABATE

(1898-1980), fue, por encima de lo que se considera crítico, un escritor costumbrista inigualable. Si en alguna ocasión sus crónicas perdieron algo en juicios valorativos sobre la corrida, lo ganaron en la descripción del ambiente, colorido y belleza que rodea el festejo.

Entre 1958 y 1972 ocupó la tribuna taurina del diario ABC; como  historiador aportó sus conocimientos en la obra Los Toros de Cossío, y colaboró en La Fiesta y El Ruedo. Como escritor destacan, entre otras, sus obras Historia de una taberna (1944), La fábula de Domingo Ortega (1951), Historia de una tertulia (1952), Lo que se habla por ahí (1954), El Mundo de los Toros (1955), Historias del tren (1959), Madrid y los madriles (1974) Tertulia de anécdotas (1974), Las tres Marías (1975), y Tipos y sainetillos del planeta de los toros (1976).

Su trayectoria profesional fue tan singular que comenzó a publicar antes en Francia que en España, colaborando en rotativos tan importantes como Le Figaro y La République, para terminar siendo profeta en su tierra, donde fue nombrado cronista oficial de la Villa de Madrid. Todo un personaje, que puso en boga frases que hoy en día perviven en la memoria de los aficionados, como <<planeta de los toros>> o <<mundo de los toros>>, con las que designaba a la Fiesta.

Díaz-Cañabate criticó las <<rebajas>> que llegaron en la época de los sesenta. Entre ellas, la desaparición paulatina de los quites, del toreo de capa, y la desvalorización de la suerte suprema, en detrimento del toreo de muleta.

<<Una cosa es que el torero aproveche la muleta para su lucimiento personal y otra que todo se subordine a ella, como ocurre en la actualidad>>.

También el escritor se hace eco del descenso de fiereza del toro, e incluso de la vaca, a la que se exige menos en la tienta:

<<Antaño tenían que ser fieras; cuanto más fieras mejor, y el ganadero desechaba a las de condición blanda y apacible, que hoy, con la transformación de los gustos del público, son las más cotizadas; pero de todas maneras la tienta siempre conserva su apasionante interés teñido de un fuerte patetismo. Siempre que asisto a una tienta me palpita la ansiedad. La becerra sale. La vida y la muerte la están esperando a escondidas en el peto del caballo. ¿Vencerá la bravura que es la vida? ¿Se impondrá la mansedumbre que es la muerte?>>

Mariano de Cavia, Alejandro Pérez Lugín y Antonio Díaz-Cañabate formaron una terna de curiosos heterodoxos de la crítica taurina que dieron, a la vez, una extraordinaria altura literaria al periodismo taurino.


1 comentario:

Vazqueño dijo...

Gran entrada, enhorabuena.

Sin duda, la tauromaquia siempre estará en deuda con tan grandiosos escritores.

Saludos.