sábado, 14 de febrero de 2009

HABLARON LOS TOREROS

Juan Harillo Ordóñez y Paco Ceballos salieron ayer por la Puerta Grande del Colegio de Médicos de Málaga.

Con una sala en la que casi se tuvo que poner el cartel de no hay billetes, se celebró ayer la charla-coloquio del Foro Taurino del Colegio de Médicos, presidida por el doctor Martínez Morillo, vicepresidente segundo del Colegio de Médicos, en la que fueron protagonistas los toreros Juan Harillo Ordóñez y Paco Ceballos. Bajo la sabia moderación del doctor Juan Jesús Duarte, ambos invitados hablaron sin tapujos y con sinceridad en relación a las muchas cuestiones que se plantearon en la mesa.

Harillo se mostró pesimista por el devenir futuro de la Fiesta en España, dado que los condicionantes socio-políticos actuales no le son favorables. La realidad es que estamos ante una situación en la que va perdiendo interés popular. Paco Ceballos afirmó que el torero nace, pero también se hace. El toreo esta en el ambiente familiar, lo que ha ocurrido en las grandes dinastías toreras, o como en su caso en el propio ser del torero. Recordaron que de niño, antes se jugaba a los toros; pero hoy los niños juegan a otras cosas. Pero también el torero se hace, pues la experiencia, la técnica y el conocimiento se van adquiriendo y perfeccionando durante la práctica profesional. Ceballos recalcó lo difícil que es llegar a ser figura del toreo, citando la frase que figura en la escuela taurina de Madrid: "ser matador de toros es casi imposible, ser figura del toreo es un milagro".

En relación a la pregunta del moderador sobre quién manda en la fiesta, Harillo indicó que, desde luego, el aficionado no. Entre los ganaderos solo los más conocidos añaden un plus más al cartel. También hizo referencia a que ciertas ganaderías de interés para los aficionados, últimamente iban siendo reclamadas por las figuras lo que, según él, traslucía que algo "sospechoso" estaba ocurriendo en esos encastes. Salvo en el caso de las grandes figuras, que llenan todas las plazas en todas las ferias, tampoco estos son tiempos en los que los toreros manden en la Fiesta. Ceballos fue rotundo al afirmar que hoy hay un mandón en la Fiesta: José Tomás, por el que manifestó una profunda admiración. El que haya una gran figura resulta bueno para el resto de toreros, afirmaron. Harillo Ordóñez fue contundente: la Autoridad está bajo mínimos, pues hoy ni manda nadie ni nadie quiere que se le mande. Tampoco los apoderados mandan en la Fiesta, pues su fuerza está en la importancia de su torero. Más peso tienen aquellos que son apoderados y empresarios. Teniendo en cuenta los complicados entresijos que configuran la Fiesta, parece que hoy los que ostenta mayor mando son los empresarios, salvando la figura de José Tomás, auténtico emperador de la Fiesta.

En el coloquio también se apuntó el peso actual de los políticos. En este sentido, durante el el desarrollo del mismo, un conocido asistente, aparte de elogiar la gran afición de Juan Harillo, esgrimió la teoría (a mi parecer errónea) que históricamente habían sido los intelectuales de izquierda los que más se habían comprometido con la Fiesta. Hubo quienes disintieron de entre el público asistente. En definitiva, como ocurre siempre, unos cojean de un pie y otros de otro; unos por convicción y otros por interés.

Se entró en la polémica del afeitado, en la que hubo opiniones para todos los gustos, tanto desde la perspectiva del torero, del aficionado y del profesional de la medicina. Tras el coloquio se llegó al consenso de que realmente es la casta la que da las cornadas y que en realidad el afeitado, además de suponer un fraude, constituye una afrenta y una falta de respeto al toro bravo, que merece una lucha noble. El peligro siempre existe con el toro en puntas o afeitado, hay cogidas en las que el profesional no es calado por el pitón y pueden tener consecuencias fatales, como ocurrió con Julio Robles y, desgraciadamente, hace poco con el banderillero Adrián Gómez. Paco Ceballos indicó que no todos los toros se afeitan en la actualidad y se mostró contrario a que en los carteles se hiciera referencia a si la corrida iba o no en puntas. Escuché a una de las personas que se encontraba entre el público comentar que hoy se afeita más que ayer, pero menos que mañana...

Posteriormente se abordaron aspectos en relación con el desarrollo de la lidia. En lo que respecta a la suerte de varas, las opiniones fueron unánimes: esta suerte es absolutamente necesaria para el toreo y no debe desaparecer. La suerte bien hecha es una de las más bellas, pero ocurre que las más de las veces no se practica correctamente. Desgraciadamente, hay pocos buenos picadores y no se mide el toro en el caballo, mas bien muchas veces se le machaca. Ceballos indicó que se produce la circunstancia que si el toro por su bravura hace una buena pelea en el caballo, se produce en el torero la preocupación de que el público preste más atención al toro que al propio torero, más si éste no está afortunado con la muleta. Cada toro tiene su lidia, así como un determinado número de puyazos y el éxito radica en saber medirlo. Si por las pocas fuerzas fuera necesario una sola entrada al caballo, debería hacerse así. Manifestó que cuando estaba en activo se sorprendía de que los picadores salieran tan tranquilos a la plaza.

En cuanto al tercio de banderillas, ambos toreros se mostraron unánimes a la necesidad de que se mantenga, pues además de su belleza y plasticidad, cuando se realiza según los cánones, sirve para que el matador observe como ha quedado el toro tras el primer tercio, observación imprescindible para el ulterior tercio. Sin embargo, al igual que en le tercio de varas, también debe medirse el número de entradas a banderillas de cada toro.

Para ambos toreros no es la mirada del toro la que impone, sino su presencia y comportamiento durante la lidia. Es más bien el toro que desparrama la vista el más desconcertante. Se habló de las querencias del toro haciendo hincapié que muchas veces es necesario torearlo en su querencia, siendo absurdo y contraproducente el intentar repetidas veces sacar hacia las afueras a un toro aquerenciado en los adentros. Harillo Ordoñéz dijo que memorables faenas y triunfos se han cosechado lidiando al burel en su querencia. En cuanto a la polémica cuestión de cruzarse, Ceballos insistió en que había que tener mucho valor para hacerlo, pero sin excederse ya que cuanto uno más se cruza disminuye el peligro por la trayectoria que describe el burel al embestir. Hay toros con los que uno debe cruzarse y otros a los que no, al igual que, aunque lo más puro es torear citando con la muleta adelantada en otros casos, por las condiciones y fuerzas del animal, hay que hacerlo con la muleta retrasada. Salió el tema de "meter pico", que fue considerado como necesario a veces en los toros que se vencen por un pitón, pero que la pureza radicaba en citar y torear con la panza de la muleta y cargando la suerte. Se destacó la enorme importancia de saber dar las distancias al toro, muchas faenas no han llegado a un buen final por el defecto de no establecer correctamente la distancia en el cite. Y, por supuesto, para ambos toreros una gran estocada es la culminación de toda gran faena que se precie.

Otras muchas cuestiones se plantearon y se debatieron en el animado y participativo coloquio con el que finalizó el acto. Después seguimos departiendo durante el aperitivo que, como es costumbre, nos fue servido por gentileza del Colegio. En los corrillos primaba un tema: la corrida del Domingo de Resurrección en Málaga, donde cada cual hacía sus cábalas y contaba lo que se decía por las esquinas de la ciudad.

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